‘El placer es un músculo‘ parte de la obra entendida como tránsito: un proceso de hacer y escuchar la respiración de las formas. La creación se plantea como un espacio de atención, donde el gesto y la materia dialogan desde una experiencia corporal y sensorial.
Tomando como punto de partida la idea de que «no hay poema que no se abra como una herida», en palabras de Jacques Derrida, la obra sitúa al poema en la carne cruda, utilizándola como soporte y como lugar de revelación. El cuerpo no aparece aquí como representación, sino como territorio simbólico donde la forma se activa y se transforma.
En este proyecto, la materia adquiere una dimensión orgánica y vulnerable. La víscera, entendida como interior expuesto, deja de ser únicamente corporal para convertirse en símbolo. El placer, lejos de una lectura hedonista, se manifiesta como tensión, esfuerzo y resistencia: un músculo que se ejercita en el acto mismo de crear.
Desarrollada en Sabadell en 2015, esta obra explora la relación entre forma, cuerpo y pensamiento poético, situando al espectador ante una experiencia donde lo físico y lo simbólico se entrelazan sin jerarquías cerradas.