Lecturas y notas
Leer un poema o interpretar una imagen es, en esencia, el mismo acto, si atendemos al sentido y a la intención poética que los atraviesa. Arte y poesía coinciden en su voluntad metafórica: lo poético les pertenece por igual cuando el latir surge desde las profundidades del ser creativo.
En ese espacio común, la creación se manifiesta como un proceso orgánico, ajeno a fórmulas y a discursos cerrados. Recuerdo unas palabras de J. A. Valente: «El artista, el poeta, tiene que vaciarse de su ego para dejar sitio al flujo de la creación… Eso mismo hace el místico». En ese estadio, arte y poesía convergen, y el gesto creativo se convierte en una forma de escucha atenta.
La obra surge entonces como una lectura silenciosa del mundo, como una interpretación abierta donde imagen y palabra comparten una misma respiración interior.

Organicidad. Rotulador s/papel
Organicidad
«Y cuál, dice el corazón de ojo pensante, es el último color visto, la última palabra oída, que alguien dejó atrás, y luego, no hay atrás…»
(Jorie Graham)